viernes, 25 de octubre de 2013

Prólogo.

La multitud llenaba la plaza tanto que ni un alfiler cabía. Cientos y cientos de personas se movilizaban por un mismo ideal: tener sus propios y únicos ideales, por los cuales podían llegar hasta matar.

-¡Queremos ser diferentes!-gritaban.
 
Máscaras de orgullo. Sonrisas ocultas. Salir a las calles les esxitaba de tal forma que generaban cualquier tipo de disturbio solo para crear más y más adrenalina. Quemaban maderas, se subían unos enciam de otros, lanzaban piedras e incluso golpeaban a cualquier ser fuera de esa manifestación.

Pedían no ser ignorados por la sociedad. Querían ser queridos.
 
No vestían de la forma convencional, con pantalones anchos y camisas de trabajo. Vestían capas oscuras, cuerdas como cinturones e iban descalzos. Los viandantes señalaban al grupo de muchachos.

- Hijos de Satán- decían los habitantes al asomarse desde sus casas-. Estais condenados a morir en las hogueras, brujos.

Pero ni hacian magia ni tenían varitas. Solo manifestaban su desacuerdo.

Es el siglo XVII, y aquí comienza la etapa del Romanticismo, donde los jovenes eran guiados por sus sentimientos, por la pasión. Antorchas en mano quemaron un carro de caballos, uno de ellos falleció.

Primera víctima. ¿Quién será la próxima?

¿Habrá una última?

No, nunca habrá un último muerto cuando tus principios conducen tu vida.

A partir de ese momento se desató una masacre de asesiantos, engaños, corrupción, suicidios y descontrol jamás vista en la historia de Europa. Los jóvenes morían antes de cumplir treinta años de vida y en ese escaso tiempo vivian su vida a límites inimaginables para el hombre ilustrado de aquella época.

Se sentían diferentes. Eso les ponía.

¿Una locura verdad? Pero hay algo que no sabes:

Ellos siguen aquí, ahora, en el siglo XXI. Siguen rebelandose contra la sociedad, ahora más superficial que en cualquier otra época.

Ahora no conoces la vida de estos rebeldes. Yo si se de ellos. Y siguen al margen del estado, al margen de las reglas. Al margen de cualquier cosa a la que quieran someterlos.

¿Sabrás reconocerlos?

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